Para empezar
En algún lugar leí una anécdota sobre Miguel Ángel. Hijo de una adinerada familia de Florencia, aprendió desde pequeño a disimular sus virtudes artísticas, ya que para su padre, tener un hijo que se ganara la vida con las manos era una deshonra. Así, Miguel Ángel aprendió a utilizar las manos únicamente cuando era necesario.
Años después, uno de sus mecenas fue a visitarlo a su taller, y se encontró al escultor contemplando en silencio un enorme bloque de mármol. Tras unas semanas, volvió a acudir al taller, y se encontró con la misma escena: Miguel Ángel, callado, meditando; y la pieza de mármol, en las mismas condiciones.
Airado, su mecenas espetó: ¿Pero qué hace usted aquí?
A lo que Miguel Ángel, con desdén, respondió: Estoy trabajando.
Durante meses, el escultor acudía cada mañana a su taller, contemplaba el bloque de mármol durante horas, y se volvía a casa para cenar. En su cabeza iba imaginando cada proporción, planeando cada cincelada. Unos años después, ese bloque de mármol se convertía en el David.
Este blog va a tratar de imitar a Miguel Ángel, contemplando la realidad de forma constante, pero interviniendo únicamente cuando haya algo interesante que decir.


Qué bueno.