Casualidades, las bromas del destino

Todo el mundo, a lo largo de su vida, ha experimentado una coincidencia más o menos improbable. Un caso extremo es la historia que se cuenta del Rey Humberto I de Italia:

En la noche del 28 de julio de 1900, el rey Humberto I cenaba con su ayudante en un restaurante de la localidad de Monza, donde iba a presenciar un concurso de atletismo al día siguiente. Con asombro, observó que el propietario del establecimiento era idéntico a él. Por curiosidad, entabló conversación con él, y fue descubriendo que existían entre ellos otras semejanzas. El dueño también se llamaba Humberto; al igual que el rey, había nacido en Turín, y en el mismo día; y se había casado con una chica llamada Margherita el mismo día en que el rey se casó con su esposa, la reina Margherita. Y había inaugurado el restaurante el día en que Humberto I fue coronado rey de Italia.

El rey quedó fascinado e invitó a su doble a que asistiera al concurso de atletismo con él. Pero al día siguiente, ya en el estadio, el ayudante del rey le informó que el dueño del restaurante había muerto aquella mañana después de que le hubieran disparado misteriosamente. Y mientras el rey expresaba su pesar, un anarquista que surgió de entre la multitud disparó contra él, acabando con su vida.

Las grandes mentes de la historia, como Hipócrates, padre de la medicina moderna, o el filósofo A. Schopenhauer, han tratado de encontrar una posible explicación a las coincidencias, que como la del rey Humberto, escapan a una explicación racional.

En el siglo XX, el Dr. Kammerer, de la Universidad de Vienna, comenzó a escribir un “diario” de casualidades, que con los años, le llevaría a enunciar la “Ley de la serialidad”. En ella, afirmaba que las casualidades van siempre en serie, y que éstas son solo la punta del iceberg, dentro de un principio universal que aún no ha podido ser explicado, como era la ley de la gravedad un par de siglos atrás.

Años después, el premio Nobel W. Pauli y el eminente psiquiatra C.G. Jung, colaborador de Freud, fueron un poco más allá en sus estudios, y enunciaron la que se conoce como “sincronicidad jungiana”. La sincronicidad puede definirse como la relación subjetiva entre un suceso externo y un proceso interno, en la que es el sujeto perceptor el que dota de pleno significado a la concurrencia fenomenológica. Es decir, la sincronicidad se da cuando una persona constata que una imagen mental suya, netamente subjetiva, es reflejada, sin explicación causal, por un evento material exterior a él.

Un claro ejemplo de sincronicidad le ocurrió al actor Anthony Hopkins. Contratado para actuar en la película La mujer de Petrovka, no consiguió encontrar en ninguna librería londinense la novela de George Feifer en la que se basaba el guión. Frustrado y aburrido, se dispuso a tomar el Metro para regresar a su casa. Estaba sentado en la estación de Leicester Square cuando, de pronto, halló el libro en un banco. Se quedó tan asombrado de su buena suerte que ni siquiera reparó en las anotaciones que el volumen tenía en los márgenes. Dos años más tarde su sorpresa fue aún mayor. Al conocer al autor durante el rodaje del filme, éste le dijo que había perdido su ejemplar anotado. Dicho ejemplar era el mismo libro que Hopkins había encontrado en la estación olvidado sobre un banco.

Según el Principio de la Sincronicidad, las casualidades no existen, sino que los seres humanos formamos parte de un enorme rompecabezas cósmico, donde las casualidades nos guían hacia nuestro destino.

destino.jpg
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~ por Alberto en 20 febrero, 2008.

6 comentarios to “Casualidades, las bromas del destino”

  1. […] cuentan en Your blues, no me la he inventado […]

  2. hola atodos

  3. De dónde saco eso pues es igual que mi proyecto y le aviso que ya lo tengo registrado. No se vaya usted a meter en problemas.

  4. Me puede decir de donde se plagio esto,pues yo ya tengo REGISTRADO EL NOMBRE. Si no quita eso que es un plagio de mi idea,lo voy a tener que demandar, y el que calla otorga acuerdese.Si gusta le mando copias de mis registros.Para que me crea.

    • Como claramente se deduce de la historia, todos los hechos aquí relatados me los han ido contado, por este orden, el Rey Humberto I de Italia, Hipócrates, el Dr. Kammerer, W. Pauli, C.G. Jung y, por supuesto, el gran Anthony Hopkins.

  5. YO YA REGISTRE ESA IDEA OK . ERES GABRIELA O AMIGA DE GABRIELA PORQUE YO LE CONTE ESTA HISTORIA A ESA MUJER Y ME DIJO QUE ME IBA A YUDAR PERO ME PIRATIO/ROBO LA IDEA.

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