Tiempos Modernos

Los tiempos cambian que es una barbaridad, como dice el dicho popular. Y si no, que se lo pregunten a Francis Tovey, jubilado inglés, que este fin de semana ha copado las páginas de sucesos de los periódicos de medio mundo tras haberse suicidado con un robot fabricado por él mismo.

Como en muchas otras familias, los hijos del Sr. Tovey decidieron que lo más humano que podían hacer por su padre, dado que ya había cumplido los 80 años, era internarle en una residencia, donde esmerados y atentos cuidadores harían de sus últimos años una experiencia placentera. También influyó en esta decisión el valor de la casa del Sr. Tovey, de aproximadamente 450.000 libras, unos 580.000 euros. Sus herederos consideraban que ellos no tenían la culpa de vivir en una sociedad acomodada, donde la sanidad pública permite que ancianos octogenarios todavía conserven una salud de hierro.

Así que, una vez tomada la decisión, se la comunicaron a su padre. El Sr. Tovey no protestó. Sabía que sus hijos ya se habían decidido, y nada de lo que el dijera iba a hacerles cambiar de idea. Sin embargo, éstos no habían tenido en cuenta otra de las manifestaciones de la sociedad del bienestar: los cursos de Internet que organiza el Imserso inglés para jubilados. Grave error. Porque esa misma tarde el Sr. Tovey encendió su ordenador, hizo doble click en el navegador, tecleo la dirección de un buscador, y como le habían enseñado los amables voluntarios en el hogar del jubilado, introdujo en el campo de búsqueda los siguientes criterios: construir+robot+suicidio.

Abrumado ante el enorme número de páginas encontradas, se decidió por la primera de ellas. Tras un par de viajes a la ferretería y al desván, donde aún conservaba algunos recuerdos de sus años de servicio en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial,
construyó en pocos minutos la máquina que buscaba. El aparato estaba compuesto por una sierra eléctrica conectada a una pistola semiautomática cargada con 4 balas, y que podía ser activado por control remoto. Simple pero efectivo, pensó con ironía.

Pero el Sr. Tovey tuvo un último gesto con sus descendientes, y para impedir que fueran ellos los que encontraran su cuerpo, y evitar así que pudieran sentirse culpables, se colocó en la entrada de su garaje, con el fin de que lo encontraran unos operarios que trabajaban en una casa cercana.

El plan funcionó a la perfección, y fue uno de los albañiles quien encontró el cadáver. Uno de sus vecinos, también inglés, declaró después: “Era un hombre maravilloso, el vecino ideal, y solíamos tomar el té juntos”. Pura flema británica.

 

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~ por Alberto en 24 marzo, 2008.

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